El Banco de Japón (BoJ) ha elevado los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 1,25%, en su reunión del 17 y 18 de septiembre. La decisión, adoptada por un margen de 7 votos a favor frente a 2 en contra, sitúa el precio oficial del dinero en Japón en su nivel más elevado desde 1995, en un movimiento que responde a la persistencia de las presiones inflacionistas y a la expectativa de que la inflación subyacente siga superando el objetivo del 2% del banco central.
La subida, sin embargo, no ha tenido el efecto esperado sobre el yen. La moneda japonesa llegó a depreciarse alrededor de un 1,3% frente a la divisa estadounidense, aproximándose a los 158 yenes por dólar, después de que los mercados interpretaran el mensaje del BoJ como menos contundente de lo esperado. Los dos votos discrepantes dentro del consejo y la ausencia de un compromiso explícito sobre nuevas subidas han sembrado dudas sobre la velocidad del endurecimiento monetario.
La evolución de la divisa japonesa incrementa la presión sobre la economía del país asiático. Un yen debilitado encarecerá las importaciones y corre el riesgo de alimentar la inflación, mientras que unos tipos más elevados aumentarán el coste de financiación para hogares, empresas y para el propio Estado, que ya posee la mayor deuda pública del mundo en relación a su PIB, situada en el entorno del 250%. Tras la caída de la moneda, el mercado ha vuelto a especular con una posible intervención de Tokio para sostener el yen, mientras los inversores siguen atentos a la brecha entre los tipos japoneses y estadounidenses. El BoJ afronta ahora el reto de continuar retirando estímulos sin provocar una desaceleración excesiva y, al mismo tiempo, conseguir que su política monetaria contribuya a estabilizar una divisa que sigue sometida a fuertes presiones.
