Hasta hace poco, hablar del futuro del turismo era hablar de digitalización, sostenibilidad o nuevos perfiles de viajeros. Hoy esas tendencias siguen siendo importantes, pero hay una nueva variable: la geopolítica.
Los conflictos internacionales, el encarecimiento de la energía, las tensiones comerciales o las restricciones sobre determinadas rutas aéreas están modificando los flujos turísticos con una rapidez desconocida. Lo que ocurre a miles de kilómetros puede traducirse, en pocos días, en cambios en las reservas, nuevas oportunidades para algunos destinos o un aumento de los costes para toda la cadena de valor.
El sector ya lo ha vivido en los últimos meses. La inestabilidad en Oriente Medio ha desviado parte de la demanda hacia países considerados más seguros, mientras que el aumento del precio del petróleo ha vuelto a poner presión sobre el transporte aéreo y la rentabilidad de muchas empresas.
La incertidumbre se ha convertido en una condición permanente del negocio turístico.
Durante décadas, la competitividad de un destino se ha apoyado en elementos como el clima, el patrimonio, la oferta hotelera o la conectividad pero hoy los viajeros tienen nuevos criterios en su decisiones.
La percepción de seguridad, la estabilidad institucional o la capacidad de un destino para gestionar situaciones de crisis tienen más importancia. Antes de reservar, muchos viajeros consultan recomendaciones oficiales, siguen la evolución de los acontecimientos internacionales y buscan garantías de que su viaje no se verá alterado.
Para países como España, esto es una oportunidad pero debate sobre el crecimiento turístico también está cambiando. El reto consiste en generar más valor: atraer viajeros con mayor capacidad de gasto, fomentar estancias más largas, reducir la estacionalidad y lograr que el turismo contribuya al desarrollo económico sin deteriorar la calidad de vida de los residentes.
Este cambio de enfoque responde tanto a una necesidad económica como social. En este momento donde los costes aumentan, la rentabilidad pasa por mejorar el valor generado.
La confianza, la capacidad de adaptación y la visión a largo plazo serán los activos más valiosos para el sector turístico.
