El conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz han desencadenado una de las mayores crisis energéticas recientes. Este paso estratégico concentra cerca del 25% del comercio mundial de petróleo, lo que convierte cualquier interrupción en un riesgo sistémico para los mercados globales.
Ante esta situación, los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) acordaron el 11 de marzo liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, en la mayor acción coordinada de su historia. La medida busca estabilizar el mercado frente a una disrupción sin precedentes derivada de la guerra en Oriente Medio.
La agencia ha advertido además de que las alternativas logísticas para sustituir el flujo por Ormuz son limitadas, lo que podría prolongar las tensiones en los mercados. En este contexto, la evolución del conflicto será un aspecto clave para determinar su impacto sobre la estabilidad de los precios energéticos y, por extensión, sobre las perspectivas económicas a nivel global.