La confrontación geoeconómica se ha convertido en el principal riesgo global a corto plazo por primera vez en la última década, seguida del conflicto armado entre Estados. Así lo refleja un análisis del equipo de Investigación y Escucha Social Avanzada de ATREVIA tras revisar los rankings anuales del Global Risks Report del Foro Económico Mundial entre 2016 y 2026. La evolución muestra un giro claro: el corto plazo está hoy condicionado por tensiones entre bloques económicos, disputas interestatales y fracturas sociales, mientras que los riesgos ambientales mantienen su liderazgo estructural a largo plazo.
El estudio compara los informes publicados en los últimos diez años, tomando como referencia los riesgos incluidos en la edición de 2026 y reconstruyendo su trayectoria histórica.
El Global Risks Report se basa en la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales, que en su última edición recoge la visión de más de 1.300 expertos internacionales sobre amenazas a dos y diez años. La metodología define como riesgo global aquel con potencial de generar un impacto negativo significativo sobre el PIB mundial, la población o los recursos naturales.
El corto plazo: geoeconomía y conflicto armado
En el horizonte de los próximos dos años, el ranking de 2026 sitúa en primer lugar la confrontación geoeconómica y, en segundo, el conflicto armado entre Estados. Ambos riesgos habían estado presentes en la serie histórica, pero su ascenso refleja un incremento sostenido en la percepción de severidad.
Este cambio no implica la desaparición de otros factores, sino un desplazamiento del foco hacia amenazas vinculadas a la fragmentación del entorno internacional. Frente al inicio de la década, el corto plazo aparece ahora más expuesto a dinámicas de competencia estratégica y tensiones entre bloques económicos.
Polarización, desigualdad y erosión institucional
Los riesgos sociales también han ganado centralidad. La polarización social, que en 2016 ocupaba posiciones secundarias, intensificó su presencia a partir de 2020 y se ha consolidado entre los primeros puestos del ranking a corto plazo en los últimos años.
La desigualdad, con una trayectoria más gradual, recupera relevancia al final del periodo. A ello se suma la erosión de los derechos humanos y de las libertades cívicas, que emerge en el tramo final de la serie como riesgo significativo.
Desinformación e inteligencia artificial: el mayor incremento
Uno de los avances más notorios es el de los riesgos tecnológicos e informativos. La desinformación y la manipulación de las noticias experimentan un crecimiento abrupto desde 2023 y se sitúan en 2026 entre los cinco principales riesgos a corto plazo y entre los cuatro primeros a largo plazo.
Las consecuencias adversas de las tecnologías de inteligencia artificial, ausentes en los primeros años del análisis, irrumpen en la recta final de la década y alcanzan posiciones relevantes tanto en el corto como en el largo plazo.
La inseguridad cibernética, por su parte, mantiene una presencia constante a lo largo de toda la serie, lo que sugiere que los riesgos tecnológicos no sustituyen a otros, sino que amplían el perímetro de vulnerabilidad y aceleran la propagación de crisis en distintos ámbitos.
El clima, riesgo estructural dominante a diez años
En el horizonte a diez años, la continuidad es clara en materia ambiental. En el ranking de 2026, los tres primeros puestos corresponden a fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas, y cambios críticos en los sistemas terrestres.
Los fenómenos meteorológicos extremos han ocupado posiciones destacadas de forma recurrente durante toda la década, mientras que la pérdida de biodiversidad y los cambios en los sistemas terrestres han ganado peso progresivamente hasta consolidarse entre los principales riesgos estructurales.
Un entorno más complejo que exige anticipación
La lectura comparada de la última década dibuja una doble dinámica: estabilidad en el liderazgo ambiental a largo plazo y reconfiguración acelerada del corto plazo en torno a riesgos geopolíticos, sociales y tecnológicos.
El análisis de ATREVIA apunta a un sistema global de riesgos más denso e interconectado que hace diez años. Las amenazas que encabezan el corto plazo en 2026 no dominaban la agenda al inicio de la serie. Su escalada progresiva refleja un entorno en el que tensiones económicas y políticas, fracturas sociales y aceleración tecnológica han ganado centralidad, incrementando la sensación de inmediatez y vulnerabilidad global.


