Más allá del impacto inmediato del conflicto, la IEA ha advertido de que el mercado petrolero está entrando en una fase de estrés estructural. Según su informe mensual de marzo, la crisis no solo afecta al suministro de crudo, sino también a la capacidad de refinado, almacenamiento y transporte, amplificando las tensiones en toda la cadena energética.
El organismo señala que las interrupciones en infraestructuras clave están limitando la disponibilidad de productos refinados, lo que incrementa la volatilidad y genera cuellos de botella adicionales. Así, el actual escenario ha demostrado la fragilidad del sistema energético global ante perturbaciones simultáneas.
Asimismo, la IEA ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento de la oferta mundial de petróleo ante la incertidumbre global. La agencia advierte de que el equilibrio del mercado dependerá no solo de la evolución del conflicto, sino también de la capacidad del sector para adaptarse a un entorno estructuralmente más complejo.


