¿Inteligencia Artificial en el trabajo?


Viendo la que estamos viviendo, hay más inteligencia en mi exprimidor de limones que en muchas personas con las que hablo últimamente. Por eso la respuesta a si la Inteligencia Artificial va a ser positivo para la sociedad es, sí por favor. Por desgracia bajo este nombre se agrupan un montón de disciplinas que nada tienen que ver con emular el razonamiento humano. De su pasado, presente y futuro es sobre lo que te hablo en misterhello en este su primer post del año, como siempre sin buscar pena ni perseguir gloria. Veamos. Leamos.

El 29 de agosto de 1997, a las 2:14 AM, Skynet tomó conciencia de sí mismo y tardó un nanosegundo en dilucidar que el ser humano era nocivo para su supervivencia, y decidir destruirlo. Según Asimov esto sería imposible, pues choca frontalmente con la tercera ley de la robótica según la cual una inteligencia no humana no debe hacer prevalecer su supervivencia sobre la de los humanos. Y en el otro vértice del tiempo están los Nexus-6 de Philip K.Dick buscando a su creador para cambiar las leyes que les protegen genéticamente de la superioridad de las máquinas. Pero más allá de la fantasía, está la realidad.

La certeza de que las máquinas pueden sustituir al ser humano en determinadas tareas por una cuestión de mera superioridad, no es nada nuevo. Ya en 1495 el increíble Leonardo DaVinci diseñó unos guerreros autómatas que mediante un mecanismo de poleas y ruedas dentadas, eran capaces de imitar determinados comportamientos humanos, como asestar un mortal golpe de maza. En el siglo XVIII un tipo llamado Pierre Jaquet-Droz crea tres fascinantes autómatas , uno que pintaba, otro que escribía y otro que tocaba el piano. Pero no dejan de ser juguetes que como las muñecas de Famosa se dirigen al portal. Pero volviendo al tema, lo que podemos considerar como inicio del concepto de inteligencia artificial se puede datar en los años 30 con Turing y su famoso test según el cual, se podría determinar si estamos conversando con una máquina o con un ser humano. Aquí puedes hacerlo tú mismo y comprobarlo. En los 50 volvió a salir a la luz la idea acuñando el término, pero no fue hasta 1997 cuando la máquina de IBM Deep Blue ganó al ajedrez a Kasparov, que no se empezó a considerar una amenaza seria contra el ser humano. Por suerte no jugó contra Bobby Fisher, que lejos del tradicional mecanicismo de sus compañeros de tablero, usaba la creatividad para desconcertar a sus rivales y destruir sus cálculos de probabilidades. Y es que ahí está parte de la respuesta sobre si la AI va a sustituir al ser humano en el trabajo. Y la respuesta es a la gallega, sí pero…

En 2011 el supercomputador de IBM Watson saltó a los medios por ganar el famoso concurso de la American TV Jeopardy, un juego rápido de preguntas y respuestas sobre todo tipo de temáticas. Por supuesto esta fue su puesta de largo en los medios, pero bajo esta capa de frivolidad está una bestia de luces y cables que está revolucionando el mundo de la industria, la medicina o la defensa. En 2011 Apple lanza Siri y el concepto de asistente virtual con el que empezar a llevar conversaciones de cierta coherencia racional, empieza a ser real, como demuestra la película que da imagen a este post. Aunque los avances conocidos en materia de IA de los últimos años han sido casi circenses como el Algoritmo Libratus que venció limpiamente a los mejores jugadores de poker del momento en 2017, lo cierto es que los avances en sectores como la automoción con Tesla, le prevén un futuro laboral mediato de lo más prometedor.

Insisto, no hablamos de máquinas sino de cerebros. Las máquinas hace ya varias revoluciones industriales que sustituyeron a las personas en los trabajos mecánicos o rutinarios y por supuesto, en los que se precisan ciertos dotes de fuerza o habilidad. Máquinas las hay por todas partes, hacen de todo y nos hemos vuelto completa y absolutamente dependientes de ellas. En 1986 Stephen King se animó con la dirección de una película que a pesar de pasar sin apenas pena ni gloria, planteaba una premisa interesante. Se llamaba La rebelión de las máquinas y presentaba un ataque indiscriminado de objetos tan cotidianos como máquinas de vending, cortacésped o ventiladores con el único objetivo de acabar con el ser humano. En las películas de ciencia ficción ese carácter genocida de cerebros y cuerpos mecánicos se repite en infinidad de películas en las que lo que nos salvan son cosas como el honor, el amor o el horror.

Inteligencia Artificial es jugar a ser Dios generando algoritmos capaces de emular comportamientos y pensamientos humanos, y por suerte o por desgracia estamos muy lejos de conseguirlo. Y es que bajo el paraguas de la AI se mete un montón de conceptos que nada tienen que ver con su esencia. Generar mediante IA guiones de series de tv, novelas populares o canciones de éxito solo demuestra el triste momento “cultural” que estamos viviendo. Cosas como esa máquina basada en que ha conseguido concluir la Sinfonía Inacabada de Schubert, los chatbot como el que presentó el CEO de Google hace un par de años o incluso los programas que detectan cáncer de pulmón en radiografías con un índice de fiabilidad de un 98% son grandes ejemplos de análisis y síntesis de big data, pero no son IA.Y por supuesto el ganar al Go, al póker o a cualquier concurso de tv están más cerca del espectáculo circense que de la inteligencia artificial. Para mi inteligencia artificial es cubrir un terreno que la mecanización y los algoritmos nunca llegarán, la creatividad. Y ahí, si temblaré…

El máximo exponente de la AI se llama Sophia, un autómata con aspecto de lo más siniestro capaz de reconocer visual y auditivamente a su interlocutor, y llevar una conversación relativamente normal con él. La realidad es que el bicho da bastante mal rollo, y el nivel de diálogo es el de la hermana espabilada de Siri avanzada, pero bueno, es un principio. Pero yo sinceramente, no creo que muy a medio plazo los experimentos con que nos deslumbran de IA lleguen a cubrir las expectativas que tenemos en ella. Recuerdo los documentales americanos de los años 50 en que nos mostraban a unos robots con cofia y delantal limpiando la casa y sirviendo bebidas como adelanto del futuro que nos venía, pero que nunca llegó. Por eso yo ahora veo este movimiento más como artificial que inteligente, pero el tiempo lo dirá.

Como digo, creo que la inteligencia artificial entendida como un emulador de la humana le falta mucho para que alcance nuestras expectativas. Y es que como en todo, las expectativas que tenemos los humanos con respecto a la tecnología, son muy altas. Así si tú preguntas a cualquiera sobre IA te dará una versión más o menos detallada de Hal  que curiosamente, también era un asesino de humanos. Por eso si pensamos que la IA nos va a quitar trabajo, la respuesta evidente es sí, aunque más allá de los relacionados con el procesamiento y análisis de datos, en un primer momento los veremos cómo nos sustituyen en procesos que requieren un pensamiento muy básico como un callcenter cuyos chatbot casi casi pasarían el test de turing.

¿Y cómo acabará todo esto cuando de verdad la inteligencia artificial sea inteligente? Pues yo diría que muchos profesionales como los médicos o los abogados también se verán ligeramente desplazados. Por supuesto los profesionales del marketing y los analistas financieros. Los camioneros y los traductores. Y no que decir tiene que los políticos… no perdón, esos no que sacarán alguna ley para que no se pueda prescindir de ellos. ¿Y cuáles no se verán afectados? Bueno esto también es aventurado, pero creo que por ejemplo psicólogos y psiquiatras, maestros y creativos, escritores y pintores, atletas y reporteros… Porque creo sinceramente que por mucho que avance la tecnología, nunca podrá emular el proceso mental de un ser humano en prever, crear, tomar decisiones arriesgadas o improvisar. Pero bueno, el tiempo dirá pero me temo que ninguno de nosotros lo veremos…


Jose Manuel Hernando

La mitad de su carrera profesional la ha desarrollado en áreas de comunicación y marketing de grandes compañías como Telefónica o Endesa. Vivió la eclosión y explosión de la burbuja puntocom en empresas como Equality o Antena3. Y en los inicios de la comunicación interna co-fundó una agencia creativa en la que pasó los últimos 16 años hasta que su incorporación hace menos de un año al equipo de ATREVIA como Director Creativo del Área de Transformación, Cultura y Comunicación Interna. Misterhello es un proyecto que inició hace tres años, tiempo en el que ha posicionado el blog como uno de los principales referentes de la comunicación interna actuales de habla hispana.

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