Una cuestión de confianza


Vamos a necesitar confianza

Por supuesto, confianza en que vamos a superar este momento complicado, y que lo vamos a conseguir con esfuerzo y colaboración. Pero también, CONFIANZA con mayúsculas: confianza como atributo cultural y elemento importante en la manera de trabajar en nuestras organizaciones. Es decir, cultura de confianza.

El aislamiento obligatorio nos ha puesto en la situación de no tener más opción que confiar en la gente que trabaja en remoto desde sus casas. Y cuando salgamos de casa y empecemos la reconstrucción, nos enfrentaremos a retos enormes que pondrán a prueba una vez más nuestras capacidades y nuestros límites. En este tipo de situaciones, en las que tendremos que volver a «hacer más con menos» (o quizá «hacer menos con menos«), nuestra estrategia más poderosa será la confianza. Porque la confianza es más barata que el control. Porque no tendremos medios para controlar. Y porque la confianza en nuestro talento es lo único que nos permitirá salirnos de las matemáticas de guerra para volver a crecer, generar ideas, ser flexibles, colaborar, encontrar soluciones creativas, sinergias, mejores maneras de hacer las cosas y reinventarnos para salir fortalecidos.

Los entornos VUCA, en los que vivimos ya desde hace años, nos han ido enseñando que necesitamos nuevas formas de hacer las cosas en nuestras organizaciones, y que ya no sirven nuestras viejas estructuras jerárquicas basadas en el control (¿controlar qué?).

Ahora, con esta nueva tormenta del coronavirus, que parece haber sido diseñada para evaluar nuestra adaptación a VUCA, quedan ya pocas dudas de cuál es el principal atributo cultural que necesitamos incorporar y desarrollar, si no lo hemos hecho aún: la CONFIANZA.

 

Confianza vs control.

Desarrollar una cultura de confianza en una organización significa hablar de flexibilidad y autonomía para que las personas puedan organizarse el trabajo. Y significa hablar de responsabilidad y compromiso con los resultados, pasar de la medición por horas y presencia a la medición por objetivos y resultados. La falta de confianza en que los trabajadores dediquen su tiempo a tareas productivas no se resuelve con el trabajo presencial y el control, sino contratando personas en las que se pueda confiar. Muchas empresas ya lo están haciendo desde hace años y los resultados avalan su apuesta.

Pero, sobre todo, una cultura de confianza supone la superación de la cultura del control. Esa cultura nacida con el taylorismo, y que aún permanece muy viva en muchas de nuestras organizaciones, a pesar de que el contexto ha cambiado radicalmente. No digo que sea fácil; como toda transformación cultural, implica retos importantes. Pero en las condiciones actuales, posiblemente una cultura basada en el control ya no es una opción a considerar. Todos conocemos empresas de algunos sectores, con enormes estructuras de mandos intermedios sin otra aportación que el control, que se convierten en estafas piramidales que anulan el talento, y que están atrapadas en una espiral autodestructiva.

Recuerdo una famosa campaña de publicidad de neumáticos en los años 90 que decía: «La potencia sin control no sirve de nada». Quizá ahora el slogan debería ser: «El talento sin confianza no sirve de nada».

 

Cómo desarrollar una cultura de confianza.

La confianza es condición necesaria para la colaboración y la agilidad, los otros atributos culturales claves de la era VUCA. Pero, a su vez, requiere de otros elementos básicos como la escucha, la empatía, la asertividad, el reconocimiento… y, en definitiva, la conversación, entendida como un proceso continuo de comunicación entre organización y personas. Un proceso que se debe provocar, organizar y gestionar de manera consciente y ordenada, con una estrategia que la integre. Conectando la cultura con la experiencia de empleado para generar compromiso y sostenibilidad.

Confianza, colaboración y agilidad, además, se alimentan de emociones positivas, que van a ser muy necesarias para superar el miedo y la incertidumbre que vivimos, y que debemos empezar a trabajar y generar desde ahora. Hablemos de apoyo y conexión entre todos, de resiliencia, de vivir los malos momentos con los bajones lógicos como humanos que somos. Pero empecemos a hablar también de aprendizaje, de oportunidades y de nuevas ilusiones para superar estos tiempos con actitud positiva y no bloquearnos por el miedo.

Por último, como ya sabemos, el liderazgo es la principal herramienta de transmisión y movilización de la cultura. Por eso, una sugerencia importante. Si tienes líderes que siguen basando su «aportación» en el control, transmíteles un mensaje claro y contundente: aquel líder que no sea capaz de generar confianza y de liberar el potencial de cada persona, puede acabar en la UCI, y nos puede arrastrar con él.

 

Así que, mientras seguimos esperando que los científicos desarrollen la vacuna contra el COVID-19, vayamos desarrollando en nuestras organizaciones la vacuna cultural que nos permitirá reconstruir nuestras cuentas de resultados, nuestro país y nuestro futuro: CONFIANZA.

 


Mario Cameo

Director Experiencia de Empleado de AEIA y Colaborador de ATREVIA

1 Comment

  1. Lucía Reply

    Enhorabuena por tu artículo «una cuestión de confianza».
    Soy psicóloga y me apasiona el tema del liderazgo, para mi un buen líder es aquel que confía, ve potencial en los demás, los mira teniendo en cuenta lo que son capaces de lograr (es decir una inmensidad de cosas) y es capaz de inspirarlos para que saquen lo mejor de ellos mismos.

    Comparto por completo todas las ideas que has expuesto. Siempre me he fijado en mis jefes, en como trabajan, como dirigen y tengo la suerte de poder decir que más que jefes han sido líderes.

    Ahora debemos tomar esta oportunidad para convertirnos en líder que confía y abandonar el rol de de jefe que controla.
    ¡Un saludo, cuidaros mucho!
    Lucía

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